LIDERAZGO POLITICO COMTEMPORANEO
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CONTENIDO
El liderazgo político se ha conceptualizado de acuerdo con la época y los retos que el mismo orden político enfrenta. Para entender la forma en cómo se desarrolla en la actualidad, este boletín muestra algunas de las propuestas más representativas de esta habilidad.
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CARACTERÍSTICAS DEL LIDERAZGO POLÍTICO CONTEMPORÁNEO
El liderazgo es uno de los fenómenos inherentes a la construcción y mantenimiento de la relación política, es decir, aquella entre quienes mandan y quienes obedecen. La complejidad de las sociedades contemporáneas ha planteado la reformulación de los mecanismos que formalizan el liderazgo en el ámbito político a partir de un fenomeno esencial: la representatividad.
Ante esto, la pregunta es cuáles son las condiciones en que se desarrolla el liderazgo político conternporáreo.
En cuanto palabra, liderazgo proviene del vocablo inglés to lead, que significa conducir. Aunque no existe una definición de liderazgo sobre la que haya un consenso mayoritario, es posible identificarlo corno una cualidad que posee una persona o grupo de personas y que denota una posición dentro de un grupo en la que es posible ejercer poder activamente bajo condiciones de legitimidad (Petraca, 1997, como se citó en D'Alessandro, 2011).
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Rodríguez (2014) señala que el liderazgo es un concepto complejo que, en el campo de la política, hace referencia a un fenómeno observado desde múltiples dimensiones; teóricamente, las más importantes son la individual o psicológica, la institucional y la social o relacional.
Frente a la falta de autonomía epistemológica que caracterizó el estudio de este fenómeno hasta la segunda mitad del siglo XX, la escuela norteamericana desarrolló los primeros trabajos enfocándose en las dimensiones psicológica e institucional.
A partir de ellas, se planteó la incidencia de la acción individual en el entorno político y social y, por otra parte, la forma en que ese entorno institucionalizado determina la capacidad de agencia de quienes detentan el poder.
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EL LIDERAZGO COMO RELACIONES DE DOMINACIÓN
Ante las limitaciones de estudiar el liderazgo político desde estas dos dimensiones, Rodríguez afirma que es importante retomar una tercera, que fue desarrollada desde la teoría sociológica de Max Weber. Gracias a sus estudios sobre los tipos de dominación implica una dinámica relacional en la que existe "la probabilidad de que un mandato sea obedecido" (Weber, 2004).
Desde esta perspectiva, el liderzgo remite no sólo a la posición de quien manda-ya sea en términos individuales o institucionales-, sino también a la de quienes obedecen.
Caracterizar el liderazgo político desde la dimensión social implica considerar la existencia de una relación entre dos indiviuos, la cual está mediada por mecanismos en los que uno reconoce la capacidad de mandato que tiene el otro.
De igual forma, abordar el liderazgo político desde la dimensión social implica considerar las características que posibilitan la legitimidad del líder sin que unas sean independientes de otras: el carisma, la tradición y el derecho (Weber, 2004). Lo anterior supone que un líder cuenta con recursos tanto individuales como institucionales para ejercer su poder.
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LIDERAZGO Y REPRESENTATIVIDAD
El fenómeno del liderazgo se presenta en todos los espectros de la realidad política; sin embargo, la expansión de los regímenes democráticos le ha impuesto condiciones especificas de desarrollo, como la institucionalización del poder político y la consolidación de la democracia representativa.
En este sentido, es importante señalar que la relación de liderazgo político en las democracias está mediada por los mecanismos jurídicos, políticos y sociales de la representación (Rodríguez, 2014).
Tradicionalmente, la representación política suponía una relación en la que el líder político encamaba en la figura del representante. Desde este punto de vista, su legitimidad se basa en la identificación con los representados a través de las plataformas ideológicas de los partidos políticos y la cercanía personal con ciertos valores, estos mecanismos tenían su máxima expresión en el voto.
Al final, se consideraba al sufragio como la fuente del liderazgo político, puesto que era el elemento objetivo con que el representado transfería su poder al representante.
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En tiempos recientes, los mecanismos de representación política han sufrido una transformación significativa, gracias a la cual ya no se observa como una simple transferencia de poder para tomar decisiones. La complejidad de las sociedades contemporáneas se refleja en la falta de indentificación ideológica con los partidos políticos y una mayor lejanía entre los aspirantes a ocupar posiciones institucionales de liderazgo político y los ciudadanos (Manin, 2006).
Lo anterior ha planteado la necesidad de considerar no sólo la representación, sino también la representatividad en la relación política-o la legitimidad de la representación más allá del voto-.
Ante la diversidad de identidades e ideologías, la multiplicación de actores políticos fuera del ámbito institucional y la expansión tecnológica, ha incrementado el interés por el fenómeno de la representatividad de los líderes políticos.
En este sentido, Manin (2006) señala que las características del escenario político son que las nuevas identificaciones políticas se determinan por su naturaleza fragmentada y volátil, los lideres políticos han optado por la mediatización de la relación con los ciudadanos y las preferencias políticas se manifiestan de forma personalizada y selectiva.
A esto hay que agregar la exigencia de los ciudadanos para apertura de espacios de participación política, más allás de los mecanismos tradicionales de representación.
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Ante este contexto, Rodríguez (2014) hace notar la importancia de crear liderazgos como figuras representativas, es decir, que consideren el ejercicio del poder desde una dimensión relacional. A partir de ella, se debe considerar la integración de mecanismos de representación más allá del voto, con los cuales los ciudadanos establezcan relaciones de indentificación más cercanas.
Esto implicaría el aprovechamiento por parte de los líderes, de los nuevos espacios públicos donde los ciudadanos expresan sus opiniones y contribuyen en la toma de decisiones; esto incluye las plataformas digitales y las prácticas de democracia participativa.
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Lo anterior no significa que la idea de liderazgo pierda "su atributo específico en función de su inscripción en la nueva era de lo político, es decir: su capacidad de acción instituyente" (Rodríguez, 2014, p. 36).
En este sentido, también es necesario que los líderes sigan asumiendo su papel de representantes de la unidad política y su capacidad de agencia en tanto interlocutores de la voluntad de los ciudadanos.
Al final, el liderazgo político implica una relación descendente, en la que los líderes ocupan una posición de autoridad que les dan los mecanismos de representación, pero también una relación ascendente, en la que los ciudadanos ratifican esa posición al sentirse identificados.
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